Carrera-De-La-Rata

 

Elige la vida. Elige un empleo.
Elige una carrera. Elige una familia.
Elige un televisor grande que te cagas.
Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos.
Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales.
Elige pagar hipotecas a interés fijo.
Elige un piso piloto. Elige a tus amigos.
Elige ropa deportiva y maletas a juego.
Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos.
Elige el bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana.
Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura.
Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte.
Elige tu futuro. Elige la vida.
Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así?
Yo elegí no elegir la vida.
Yo elegí otra cosa. ¿Y las razones?
No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

Este discurso es el inicio de la película trainspotting y considero que se adapta muy bien (no perfectamente…sobran partes como la de la heroína jejeje 😛 ) a lo que intenta representar Robert Kiyosaki con el término que invento y que será el centro de este artículo, la carrera de la rata.

 

Imagina un hamster corriendo en una rueda y yendo cada vez más y más rápido. Como más rápido vaya el hamster más dificil le será parar, y si intenta hacerlo de golpe tiene una buena caída garantizada. Yo veo cierta similitud entre la rata corriendo y la gente gastando, ¿y tú?

Veamos como Kiyosaki define la carrera de la rata con un fragmento sacado de su libro Padre rico padre pobre.

Si consideras la vida de una persona trabajadora, con educación promedio, sigue un camino similar. El niño nace y va a la escuela. Los orgullosos padres están emocionados porque el niño destaca, obtiene calificaciones buenas o regulares, y es aceptado en la universidad. El niño se gradúa, quizá asiste al postgrado y entonces hace exactamente lo programado: busca una carrera o trabajo seguros. El hijo consigue un empleo, quizá como doctor o como abogado, o se integra al ejército, o trabaja para el gobierno.

Generalmente, el hijo comienza a ganar dinero, le comienzan a llegar tarjetas de crédito, y él comienza a comprar cosas, si es que no lo ha hecho antes. Dado que tiene dinero para gastar, el chico asiste a lugares a donde van otros jóvenes para conocer personas, para hacer citas y a veces para casarse. La vida es maravillosa entonces, porque actualmente tanto el hombre como la mujer trabajan. Dos ingresos son una bendición. Se sienten exitosos. Su futuro es brillante y deciden comprar una casa, un automóvil, una televisión, salir de vacaciones y tener niños. Llega el “paquete” feliz. Las necesidades de dinero son enormes.

La feliz pareja decide que sus carreras son de importancia vital y comienzan a trabajar más duro, en busca de ascensos y aumentos de sueldo. Los aumentos vienen, así como otro hijo y la necesidad de tener una casa más grande. Trabajan más duro, se convierten en mejores empleados, aún más dedicados. Vuelven a la universidad para obtener habilidades más especializadas con el fin de ganar más dinero. Es posible que obtengan un segundo empleo. Sus ingresos se incrementan, pero también la categoría fiscal en que se encuentran, así como el impuesto sobre su gran casa nueva, sus aportaciones al Seguro Social, y todos los demás impuestos. Reciben un cheque jugoso pero se preguntan a dónde va a parar el dinero. Adquieren participaciones en fondos mutualistas y compran sus artículos de primera necesidad con su tarjeta de crédito. Sus hijos cumplen 5 o 6 años de edad y se incrementa la necesidad de ahorrar para su educación universitaria, así como de ahorrar para su retiro.

Esa feliz pareja, nacida hace 35 años, está atrapada ahora en la carrera de la rata para el resto de su vida laboral. Trabajan para los dueños de su compañía, para el gobierno al pagar sus impuestos, y para los bancos al pagar su hipoteca y sus tarjetas de crédito. Entonces aconsejan a sus propios hijos que deben estudiar duro, obtener buenas calificaciones y encontrar un empleo o carrera seguros. No aprenden nada acerca del dinero, excepto de aquellos que se aprovechan de su candidez, y trabajan arduamente durante toda su vida. El proceso se repite con la siguiente generación de trabajadores. Ésa es la carrera de la rata.

Visto de una manera mucho más resumida, también es una gran manera de exponerlo la de Tyler Durden en El club de la lucha:

La publicidad nos hace desear coches y ropas; tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos.

En conclusión, la carrera de la rata es algo que nos viene casi forzado, pero depende de cada uno el salir de ella o quedarse dentro para siempre. Si se cobran 1.000€ al mes es normal gastarlo casi todo y no poder ahorrar mucho, pero cuando ese sueldo sube a 2.000, 3.000 o más el nivel de gastos no tiene porque subir a la par. Si los gastos se equiparan a los ingresos es imposible dejar de trabajar, se tiene que aguantar lo que caiga cuando caiga y siempre se tendrá miedo de perder el trabajo, mientras que si se mantiene un nivel de gastos conservador y se ahorra e invierte cuando vengan mal dadas será mucho más soportable. ¿Cuánta gente ganaba miles de euros al mes antes de la crisis y ahora lo está pasando fatal? No en todas las ocasiones, pero en muchos casos daba igual cuanto se ganara, siempre se gastaba más, y eso es lo que se debe evitar para salir de la carrera de la rata.

Si te interesa el libro Padre rico padre pobre, muy interesante y fácil de leer, lo puedes adquirir a través de este enlace, y como vimos en el artículo anterior sobre ganar dinero mediante afiliados me haces ganar para casi un café 😀

¿Qué opinas de la carrera de la rata, estás dentro o fuera? coméntalo 😉

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